El crimen perfecto

“Hay dos clases de asesinatos… los que se descubren y los que no”…

Fue lo último que Héctor Tipantazi escuchó de su asesino antes que enterrara un cuchillo de 15 cm. a través de su ojo derecho.
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Héctor nació el 10 de abril de 1979 en una zona rural de Quilanga a sur del país. Desde pequeño se fascino con la muerte, desde aquel dia en que su tía Frida le dió un pollito de regalo cada vez que le llevará buenas calificaciones. Y jugando le agarró y arrancó las patitas para ver como intentaba caminar y luego le daba vueltas a la cabecita hasta exprimir la vida de la pequeña ave.

Héctor nunca entendió eso de que los asesinos son traumados de niños para cometer asesinatos, él tuvo una niñez envidiable, una familia de buenos recursos económicos, religiosa y llena de atención. Él simplemente encontraba fascinación y hasta cierto placer en exprimir la vida de alguien.

En sus estudios siempre se destaco por sus excelentes notas y por sobretodo su increíble capacidad de deducción. Era muy bueno anticipando las futuras acciones con la información que recibía, esto lo hizo una pésima compañía para ver películas de misterio y a la vez lo ayudo a esconder bien sus actos… Empezó con animales, gatos, perros y pájaros… pero eventualmente eso no sería suficiente.

Estudió leyes, ya que si pensaba ir contra ellas, lo mejor seria que las entendiera mejor que nadie. Un dia un cliente le pidió un trabajo poco usual.. quería que lo asesine… pero no como él esperaba, quería desaparecer con un dinero que tenia de manera ilegal, asi que quería fingir su muerte y tener una nueva identidad. Héctor le ayudo, pero solo con la primera parte.

Descubrió que es mucho mas fácil cometer un crimen perfecto, cuando la victima es también tu compinche, y asi es como se convierte en un abogado especialista en “desaparecer” gente. Su fama se hizo conocer como un secreto a voces y muchos adinerados que deseaban una nueva identidad acudía a él, y tal como ellos querían, Héctor los desaparecía… por siempre.

El hecho que no se volvía a saber de ninguno de los clientes de Héctor, era su mejor carta de presentación. Pasaron años y varios clientes que llenaban la sed de sangre del abogado asesino y a la vez llenaban su fortuna.

Un día llega a su despacho una mujer en busca de sus “servicios” debido a que tenia unos negocios ilegales que la hacían buscada por la ley. Héctor la observa y acepta, luego de su rutinaria inspección de antecedentes, y cuando descubre que ella trabajaba con la policía, decide.. motivado por una extraña sensación que aquella mujer le confiaba, hacerle un pequeño juego. La invita a un cementerio y le pide que lleve el dinero de costumbre.

Se encuentran dentro de un mausoleo, un grupo de policías rodeaba el cementerio en espera de la señal que les indique que tenían evidencia para arrestar al abogado y así descubrir donde y a quienes había ayudado a escapar de la justicia.

“Vine sola como lo dijiste, y aquí esta el dinero” – Dijo la mujer, tapándose la nariz por un fuerte olor raro que había en el mausoleo, probablemente sean las tumbas. Habia una cerca que estaba un poco abierta.

Antes que responda. Héctor le enseña un papel con algo escrito a la mujer, ella se congela sorprendida.

“Nunca te di las gracias” – Dijo Héctor.

“Aquí está el dinero… me vas a ayudar o no?” – Dijo la mujer con un tono violento.

“Ahora ya no importa, hoy es un buen dia como cualquiera.. no? – Responde el abogado.

“Sr. Tipantazi me esta incomodando… me puede ayudar a desaparecer o no?

“Gracias! ”
– dice Héctor mientras saca un cuchillo fino.

“Que estas haciendo Héctor! Suelta ese cuchillo!”

La policía al escuchar esto, acude en ayuda de la mujer.

El abogado escucha los paso de la policía y prende fuego al mausoleo mientras dice: “Hay dos clases de asesinatos… los que se descubren y los que no”

Hector procede a clavarse el cuchillo en el ojo y caer muerto en el piso, mientras el mausoleo se incendia.

Llega la policía y la mujer sale asustada del mausoleo. Los oficiales rodean el mausoleo y se aseguran que nadie escape.. El mausoleo es consumido por las llamas y luego de que los bomberos controlen el incendio,, la policía procede a recoger el cadáver sin vida de Hector, La confirmación forense de la identidad quita duda alguna que el abogado asesino esta muerto.

“Hijo de puta! nunca sabremos a quienes ayudó.. desapareció todo registro legal de su oficina y casa…” – Comentaba un oficial a la mujer unos días después de cerrar el caso en la comisaría.

“Imagino que si sus clientes se enteraban que los había vendido, lo mandarían a matar inmediatamente” – Respondió la mujer antes de dirigirse a la salida.

“¿De que te dió las gracias? Crees que sabia quien eras?” – Preguntó el oficial.

“No lo sé… estaba loco”
– Dijo la mujer y salió.

—–

1 semana después del incidente, la policía vigilaba el cementerio por si acaso. El Oficial Rodriguez se aburría ya que por 7º día nadie sospechoso entraba o salia del cementerio, asi que procedió a llamar a su novia, Belén, para que lo entretenga un poco.

Del mausoleo se abre una tumba y Héctor Tipantazi sale, dejando una funda de comida comprimida en cápsulas vacia, una funda llena de excrementos y un tanque de oxigeno muy grande.

Sale por la parte trasera del cementerio, antes de mezclarse con las demás personas saca del bolsillo el papel que le habia enseñado a la mujer.

El papel dice: “Se que llevas el micrófono Tia Frida”.

Sonriendo lo rompe y camina perdiéndose en la multitud.

— FIN —

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4 comentarios en “El crimen perfecto

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